dimarts, 4 de desembre del 2012

"Historia de una escalera"

"Historia de una escalera", de A. Buero Vallejo, pertanece al teatro sociaL. El teatro social o existencialista nació a mitades del siglo XX en Francia, también es denominado como el teatro del compromiso social. Surgió con las obras del filósofo Jean Paul Sartre, el mayor representante del existencialismo. Sus obras, inspiradas en sus doctrinas filosóficas, tratan diferentes puntos de vista sobre la creación del hombre en cuanto a su naturaleza, su existencia, la responsabilidad que conlleva la capacidad de elegir de los seres racionales dejando a un lado las divinidades, así como el objetivo de los humanos. Además de Sartre, también cultivó este tipo de teatro Albert Camus y algunas obras de Anuillh guardan semejanzas con las existencialistas. Como los demás movimientos teatrales nacidos en esta época, refleja una realidad interna y una preocupación extrema por la técnica utilizada para expresar diferentes situaciones y sentimientos, dejando a un lado el tema en si. Este teatro se diferencia de los demás de su momento por centrarse en el tema del individuo y la circunstancia que lo rodea, los cuales suelen ser problemas actuales y de toda una sociedad como los son conflictos tales como guerras, pobreza, conflictos entre países, violencia entre otros. El teatro existencialista criticaba la situación contemporánea, igual que el teatro del absurdo, la diferencia entre estos 2, consiste en que el existencialista propone soluciones a los problemas y el teatro del absurdo prefiere presentar los problemas y dejarlos al juicio del público. En conclusión, el teatro existencialista fue el movimiento teatral con mayor preocupación sobre los temas actuales así como la situación de la humanidad de la época. Este género se enfocaba en la crítica, para posteriormente alentar al público sobre acciones, que cambiasen el ambiente criticado.

 ANTONIO BUERO VALLEJO
(Guadalajara, 1916 - Madrid, 2000) Dramaturgo español cuyas líneas maestras obedecieron al propósito explícito de lograr una síntesis de dos estilos que, en sí mismos, son antagónicos, el realismo y el simbolismo, y que a lo largo de su producción se pueden ver integrados en armonía. Luchó en las filas republicanas y, al término de la guerra civil, permaneció varios años en la cárcel franquista, donde coincidió con Miguel Hernández. En 1949 se dio a conocer, y obtuvo el premio Lope de Vega, con Historia de una escalera, que trata de las aspiraciones y frustraciones de los inquilinos de una casa de vecinos del viejo Madrid. La obra causó impacto por su realismo y su contenido social.

dimarts, 5 de juny del 2012

En la playa
Creo que ya lo tengo todo pero, por si acaso, lo reviso todo. El cabello, la ropa, los zapatos, el monedero, la hora, el brillo de labios, la sombra de los ojos... Estoy nerviosa, y lo estoy mucho. ¿Cómo puede ser? Hoy hará seis meses que comparto mi vida con él, debería estar acostumbrada a salir con él . En realidad, ya estoy acostumbrada a salir con él, pero hoy se me hace extraño.
-¡Laura! ¡Vámonos, que llegarás tarde!
Es mi madre, que me llama. No consigo tranquilizarme, mi corazón va a mil y las piernas me fallan y, sobre todo, no dejo de pensar con él. ¿Le gustaré? ¿Me dirá que estoy guapa? ¿Cómo irá él?
-¡Venga, Laura!
-¡Ya voy mamá!-Le contesto yo.
Bueno, pues creo que ya es la hora, creo que estoy preparada, al menos, lo creo. Salgo fuera, a la calle. La vecina de al lado me dice que parezco una princesa, que estoy realmente bonita. Yo le hago una sonrisa tímida, aunque yo, tímida, lo soy poco. Subo al coche, mi madre me espera dentro.
-Niña, tengo que decirte, que estás muy guapa.
-Gracias, mamá.
-Cariño, sólo te pediré una cosa, esta noche, ten conocimiento, por favor. - Me pide con cierto respeto.
- Puedes estar tranquila, mama, lo tendré.

Y enciendo la radio, escucho la música. Será el destino, pero está sonando justo la canción que le he puesto en el vídeo. Lo llevo en el bolso, es un vídeo que he hecho yo. El vídeo es sencillo, de unos cinco minutos. Son fotos nuestras, juntos, amándonos, con unas frases emotivas, pensando en él. Sin darme cuenta, ya estamos llegando. Me había relajado pero el corazón se me vuelve a acelerar, su casa está a la vuelta, casi ya estamos. Y en menos de dos minutos, estoy delante su puerta. Me abre su padre. Ahora que lo pienso, ¿qué debe pensar él de mí? ¿Que soy un buen partido para su hijo, o que no? Bueno, me da igual ahora no tengo la cabeza para pensar en esto. Paso dentro de casa. Y en el comedor están su madre y su hermano. Los saludo y hablo con ellos. Y, no sé muy bien cómo, lo veo bajar por las escaleras. De repente dejo de hablar, y lo miro fijamente. Va con la mirada hacia delante, lleva una camisa de un azul claro y unos vaqueros cortos. Le queda todo que ni pintado. Está realmente guapo, está perfecto, está maravilloso. Cuando se gira, le puedo ver la cara, lleva esa sonrisa, que me enamora, su sonrisa es única y me mira y me dice lo de siempre: "Hola, Lorita".

No tengo palabras para describir como está esa noche, lo miro y me enamora. Él saluda a todos, a su madre, a su padre y su hermano. Me está mirando, tiene los ojos puestos en mí, recorre mi cuerpo. Se acerca, estoy muy nerviosa incluso creo que me voy a desmayar como me llegue a dar un beso. Me huele y me dice al oído: "Estás realmente guapa". Cuando me mira me guiña el ojo. Sabe que me encanta que lo haga, por eso lo debe hacer. También sabe que me encanta que me diga "guapa". Pero de todo, lo que más hipnotiza es la manera en que me lo dice, tan cerca de mí, con esa voz tan varonil y grave. ¿Cómo debe conseguir que estos escalofríos vivan por dentro de mí? No lo sé. Me coge de la mano, y le dice a su madre que vamos hacia arriba, a su habitación, yo llevo el lápiz en el bolso con el vídeo.

Uf, qué vergüenza estoy pasando, no me he atrevido a decirle nada todavía, estoy caliente creo que tengo fiebre y todo, por si no lo he comentado, parezco un tomate. ¿Por qué diantres estoy tan nerviosa y cohibida? Hoy hace seis meses que estoy con él, seis, y nunca me había pasado lo que me está pasando esta noche.

Pasan unos segundos y ya hemos llegado a la habitación, ya me he decidido, he decidido hablarle, espero que salga bien.

-Kevin, te he hecho un vídeo, lo podríamos mirar juntos, bien si tú quieres, claro.
- Pues claro que quiero y más si lo has hecho tú. -
Me mira sonriéndome, está tan guapo, tan precioso, parece un personaje de cuento, tan perfecto, con su gesto imperturbable. Me siento en sus piernas, mientras él pone en marcha el cortometraje hecho por mí. Empieza, y él me agarraba por la cintura, también sabe que me gusta, creo que lo está haciendo todo adrede. Yo lo cojo del cuello. No aspiro a ser engreída, pero las fotos y la música encajan a la perfección. Me vuelvo para mirarlo y, mira por donde, está llorando. Jaja, es curioso, él que se ha mostrado firme desde que he llegado. Cuando se acaba, lo abrazo como nunca, pero él también y casi me ahoga.
De acuerdo, como ya hemos terminado de ver el vídeo, vamos hacia abajo, y cuando estamos bajo me introduce una bolsita en el bolso. Me dice que no la saque del bolso hasta que él me lo diga, dice que eso es su regalo para mí.
Su padre nos lleva al pueblo donde iremos a cenar, un pueblecito de mar que tiene mucho turismo pero tiene sus rincones de paz y tranquilidad. Me lleva a un restaurante donde cenamos fuera, a una terraza y toda la comida está muy buena. Durante la cena él me mira, con sus ojos de color marrón con el borde verde. Levanto la mirada del plato y lo miro a él. Me está mirando con intensidad, diciéndome te quiero, me rodea con los ojos y de alguna manera me hace sentir cohibida, me siento avergonzada de nuevo. Debo de estar roja como un tomate. Y, de repente, él ríe. ¿Se está riendo de mí? Como lo esté haciendo me levanto y lo dejo solo. Ya me cuesta a mí bastante mantenerme sin arrancar a llorar de la vergüenza como para que él esté riéndose de mí. Me dice que me ama. Jaja, que tonta soy, no se estaba riendo de mí, me estaba regalando una sonrisa de las suyas, lleno de vida y de amor, incluso, podría asegurar que lleno de felicidad.

Ahora ya hemos terminado de cenar y vamos a un rincón de este pueblo donde hay una playa, dice que quiere ver las estrellas conmigo. Empezamos a andar, de hecho la playa está bastante lejos, pero nosotros vamos andando. Vamos caminando por el paseo marítimo, y se ve el mar, es el Mediterráneo. Es oscuro, pero brilla la luz de la luna. Sobre el agua brilla la luz blanca y cada vez se va apagando un poco más. Qué precioso, yo voy cogida de su suave mano. Él, por unos instantes, deja la mirada perdida y fue entonces cuando yo, por fin, lo pude observar con tranquilidad y sin miedo de que alguien me dijera algo.

Y lo miraba, estaba tan guapo, tan bonito, tan elegante y a la vez tan formal, estaba tan ... Perfecto, es la palabra que mejor le encajaba mejor esta noche. Dejo de mirarlo y sin darme ni cuenta ya estamos caminando por la orilla de la playa. Cada vez el camino se va oscureciendo más y vamos saliendo más del pueblo. Yo cada vez tengo más miedo, más vergüenza y más pánico a hacer el ridículo. Estamos él y yo solos, caminando por la orilla del mar y cuando creemos que ya estamos bastante dentro nos sentamos en la arena. Está fría. ¿Sabéis esa sensación de temblor, pero no de miedo ni de tan solo de frío, sino del nerviosismo? Ríes y tiemblas, hablas y tiemblas, amas... y tiemblas...

Él lo nota, él nota que yo estoy temblando. Y me pregunta el porqué, le confieso que me moriré de los nervios, y él me tranquiliza con decirme sencillamente dos palabras. "Te quiero". Si las palabras por si solas ya son bonitas, imaginaos saliendo de sus preciosos labios y con su voz, la palabra se vuelve cargada de sentimientos y llena de emoción. Tanta, que me emociono y rompo a llora, pero él no lo ve y para que no lo haga, me levanto y empiezo a correr. Él me sigue y corremos los dos en una noche con luna llena reflejada sobre el mar por la que estamos corriendo como dos niños chicos.

Al final caigo, y él se echa encima de mí y me abraza. Cuando trato de levantarme, me coge de un brazo y me dice que me vaya con él al agua. Chillo, pataleo, incluso le pego algún que otro golpecito. No quiero ir al agua después de lo que me ha costado peinarme y arreglarme y todo lo que he hecho. Pero él me empuja. Ya me lo estoy viendo, vamos a ir los dos al agua. Nos estamos acercando al agua, ya a por los tobillos, media pierna, los muslos, ya me estoy mojando los pantalones. Sigo gritando como una loca, suplicándole que no lo haga cuando... POF! Ya estoy empapada, de pies a cabeza, tengo la piel salada, pero prometo que él también acabará como yo, de modo que, antes de que él pueda salir, le pego tirón y cae. Va todo mojado.

Y ahora ya hemos acabado, y estamos los dos tumbados en la arena. Mirando las estrellas, preguntándonos si allí arriba estarán nuestros seres más queridos y perdidos. Me entran unas ganas terribles de mirarlo y sonreír, lo miro. Y sonrío. Tiene la cara fina, y está perdido pensando en algo y mirando a las estrellas. En su cara hay una media sonrisa pintada. Y rompo a llorar. Pero él no me ve, parece que piense que está solo. Lo abrazo, no sé por qué lo hago, pero creo que lo necesita. Él me responde, abrazándome, no sé qué debe estar pensando, o en quien.

Nos levantamos ya es la hora de irse de allí, es la hora de que acabe la noche. Me da la mano mientras caminamos de nuevo por la orilla del mar. Cuando salimos de la playa está esperándonos su padre. Estamos empapados, todavía. Al entrar, su padre nos saluda y nos sonríe, nos da toallas. Por el camino hablamos, pero pronto estamos en mi casa. Bajo del coche y me despido de su padre. Él baja conmigo y, delante la puerta, me da el beso perfecto, el beso caliente de labios fríos.

-Adiós. - Me dice con la mejor de sus sonrisas-Te quiero.
-Adiós, yo también te quiero. -

Y entro en casa, voy directamente a dormir. Me tumbo en la cama. "Ha sido la mejor noche de todas, ha sido nuestra noche", pienso, cierro los ojos, y la noche ya se ha acabado.
(Seudónimo: Lisa)